Entre Cuentos y Encuentros

Ante todo una Princesa de Dios… la lectura, la escritura y la independencia son añadiduras.

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Abro mi vaso de nieve sabor moka y mientras saboreo la primera cucharada empiezo a recordar. Ese día el huracán Alex azotaba Monterrey y acá, en casa, en la radio escuchábamos una alerta de evacuación inmediata de la zona centro, esto debido al posible desbordamiento del Río Bravo. Recuerdo que llamé inmediatamente a mi madre, pues sus negocios estaban en la zona de riesgo, y así, mi cuñado y yo tomamos las dos camionetas y nos fuimos a toda prisa para sacar toda la mercancía posible y llevarla a casa.

Justo cuando terminábamos de acomodar las últimas piezas, sucedió. Un pequeño y modesto auto, a una cuadra de dónde nos encontrábamos, había sido levemente golpeado en la parte trasera por una camioneta. Los hombres del auto reclamaron, como cualquier automovilista molesto por el descuido del “de atrás”. ¿Saben?, jamás esos hombres del auto debieron haber reclamado. El de la camioneta que iba al volante se bajó con pistola en mano, sacó a golpes al conductor de auto y acto seguido, otros 3 hombres armados se bajaron de la camioneta y sacaron a 4 hombres más del auto.

Nunca en mi vida pensé ser testigo de la brutalidad, la prepotencia y la humillación que esos jóvenes hombres armados estaban llevando a cabo hacia los otros 5 hombres desarmados, a los cuales, además de golpear, semidesnudar y descalzar, subieron a otras 3 camionetas de lujo con más hombres armados. Una patrulla que se acercaba a donde estábamos, apagó sus luces y retrocedió, tratando de no ser vista. Nosotros unas 10 personas entre trabajadores del centro, mi cuñado y yo, observamos todo.

Nada ni nadie tiene derecho a ser abusado. Es tan… ¡Ahh!, no encuentro la palabra adecuada para describir mi mal sentir. Ahora que lo recuerdo todo de nuevo, sé que debí “huir”, “esconderme”, pero una ola de frío me paralizó. Mis ojos y mi razón desconectados de la conciencia, captaron y guardaron en la memoria un evento cruel de seres humanos que no tienen nada que perder, y por lo tanto, altamente peligrosos. Sí, aquí vivo y diariamente pido a Dios no volver a presenciar algo así.

Vuelvo a mi vaso de nieve. Algunas veces es necesario endulzar un poco los recuerdos (literalmente).

 

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Autor: amerced

Descubrí que soy una Princesa de Dios y aquí les comparto algunos de mis textos. Sean todos sus sentidos (hasta el sexto) ¡bienvenidos!

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