Entre Cuentos y Encuentros

Ante todo una Princesa de Dios… la lectura, la escritura y la independencia son añadiduras.


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La granja

¿Recuerdas aquéllos días soleados en la granja del tío Fortino y las inmensas nubes de algodón? Como olvidarse de los juegos como las escondidas o el tren de papelitos naranjas que quedaban vacíos después de usar las estampillas del album de Bambi. Ni tampoco es posible olvidar ese olor tan escándaloso, para mi revoltoso, que casi me hacía vomitar, sí el de aquél pobre borreguito, cuyas tripas cocinaban mis tías al aire libre como si fuera una sopa más. No pretendo revivir, tales y hermosos momentos, pero si mantener firme en mi pensamiento, eso días de la infancia en que los dos nos abandonabamos al deleite de la confianza, del cariño y del amor que tíos, tías, primos, primas, abuelos, patos y gallinas nos daban en borbotón.

A veces recuerdo que ni adiós a mamá decíamos, cuando el día llegaba de tomar el autobús rumbo a la granja. No recuerdo siquiera que hayamos hablado con mamá o papá durante nuestra larga estancia, ¿sería acaso que sólo ese amor de granja bastaba? No lo sé a ciencia cierta, pero sé que tales recuerdos existirán en mi cabeza hasta el día en que mi alma envejezca. Obviamente pido a Dios me libre de esa enfermedad grotesca que nos hace un “delete” a los recuerdos mas preciados, ojalá y para ese entonces ya haya algún antivirus inventado, de otra forma, dejaré todo en manos de alguna libreta rota.

Me gusta mucho recordar todo esto, es como voltear un momento hacia atrás y saberte feliz en esos momentos. Mi vida no es infeliz ahora, sólo que a veces, esta escasa la dulzura, y son precisamente esos días los que me vuelven a la cordura.